Graduados por el mundo: una experiencia musical al otro lado del río

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María Noel Abella Aiscar, recientemente graduada como Técnica en Dirección de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles en la UNDAV, dirige una orquesta-ensamble en Uruguay. Con la música en la sangre, incorpora instrumentos de tradición popular y rompe con los modelos imperantes. “El beneficio inmediato de hacer música es el emocional”, asegura.

Si bien comenzó a estudiar música siendo mayor, ya de niña tenía facilidad para los instrumentos. En su hogar en Montevideo, Uruguay, siempre sonaba canto popular uruguayo, folklore chileno, Piazzolla, Zitarrosa, Chico Buarque, jazz y la mal llamada música “clásica”. María Noel Abella Aiscar, recientemente graduada como Técnica en Dirección de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles en la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV), lleva la música en la sangre.

“El estímulo siempre estuvo presente en casa, pero las opciones accesibles eran casi nulas y muy poco difundidas”, recuerda. Tal vez fruto de dicha experiencia, y gracias a la formación recibida en la UNDAV, es que a comienzos de 2017 María Noel encaró un proyecto musical inclusivo y diferente: la Orquesta – Ensamble de Estudiantes del Consejo de Educación Secundaria de Uruguay.

Con Información – ¿Cómo surgió el proyecto de la Orquesta – Ensamble? ¿Qué objetivos persigue?
María Noel – La enseñanza media en Uruguay -donde me desempeño hace 20 años- tiene una larga tradición coral. Cada liceo (instituto secundario) tiene un coro de estudiantes, pero no ocurría lo mismo con la actividad instrumental y, realmente, muchos jóvenes se acercaban a los coros liceales con la intención de participar acompañando con algún instrumento musical. Es así que al concluir mi formación en la UNDAV tuve una gran cantidad de ideas, herramientas y recursos para elaborar proyectos y muchas ganas de compartirlas y aplicarlas en mi ámbito de actividad docente.

Dos de los pilares fundamentales del proyecto son: la ruptura con el modelo de orquesta de tradición europeo occidental (incluir otros instrumentos, quedando abierta la convocatoria a cualquier instrumento, tanto de tradición académica como popular); y la elaboración de un repertorio prioritariamente nacional y regional. La participación es totalmente abierta, libre y gratuita para los estudiantes de cualquier liceo del país. En este espacio -a diferencia de otros proyectos de orquestas juveniles- no se dictan clases de instrumento, sino que se articula lo que cada chico puede tocar, de modo que los arreglos se van adaptando a cada músico.

CI – ¿En qué forma influyó tu formación en la UNDAV para el desarrollo del proyecto?
MN – La formación que brinda la UNDAV es muy completa y profunda, de excelente nivel técnico y musical. Brinda las herramientas necesarias como para abordar la dirección de cualquier tipo de agrupación musical más allá de la edad o nivel técnico de los integrantes. Pero también aborda aspectos educativos, sociales, vinculares, culturales que se ponen en juego al momento de integrar un colectivo (musical en nuestro caso), y nos hace reflexionar sobre nuestro rol como adultos y educadores al frente de un grupo de niños y jóvenes a los que les transmitimos valores y pautas de trabajo y convivencia, que trascenderán a otros ámbitos de sus vidas.

CI – ¿Qué beneficios trae a los jóvenes tocar un instrumento musical? ¿Hay una edad límite para empezar?

MN – Hacer música trae muchos beneficios a la persona. No sólo a través de un instrumento musical; también cantar es muy beneficioso -¡Y no se requiere de nada más que uno mismo!-. Ni un espacio en particular, ni dinero, ni enchufes… nada. El beneficio inmediato es el emocional. Existen muchísimos estudios acerca de los beneficios de hacer música: ya sea en la respiración, en lo mental, la memoria, la percepción de esquemas/pensamiento matemático, imaginación/improvisación, comunicación/capacidad de expresión. En la ejecución de un instrumento se agrega la destreza motriz para la lecto-escritura.

Y, si además una persona hace música en conjunto, los beneficios comunicativos y vinculares son enormes. En los ensayos siempre insistimos que hacer música en grupo es muy parecido a conversar. Entonces, cuando acompañamos a una melodía que lleva una flauta traversa (con toda su proyección) no es igual a acompañar a una guitarra criolla. Que cuando me toca estar en una función armónica no toco igual que cuando llevo una melodía. Que hay especies musicales que se tocan de diferente forma para darle “su personalidad”, que la afinación “perfecta” es relativa.

Son tantos los beneficios de hacer música que plantear límites de edad para estudiarla o practicarla sería reducirlos. Claro que a diferentes edades se pueden conseguir distintos resultados y buscar objetivos específicos.

Tecnicatura en Dirección de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles.
Nivel de la carrera: pregrado.
Duración: 2 años y medio (cinco cuatrimestres).
Modalidad: A distancia.
+info: [email protected]

Fotos: gentileza de María Noel Abella.

Fuente-Universidad Nacional de Avellaneda

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